Otro de los temas importantes que fue objeto de nuestra atención fueron los mapas de Piri Reis, almirante turco de comienzos del siglo XVII, que adquirió un mapa usado de Cristóbal Colón, en 1492, en su viaje a América. En 1513 este almirante tenía un planisferio o mapamundi, basado en el mapa de Colón y en otros griegos que se remontaban a los tiempos de Alejandro Magno. Es evidente que el mapa de Colón no era conocido de forma general y el del almirante fue olvidado. En 1933 un militar turco quedó asombrado por ciertos aspectos del mapamundi de Piri Reis y envió una copia, junto con otra del mapa de Colón, a la oficina de hidrografía de la armada de los Estados Unidos para conocer la opinión de un experto. El ingeniero jefe de esa oficina hizo que examinaran esos documentos un experto llamado Mayery, una auténtica autoridad en cartas de navegación, que ya había trabajado anteriormente en el mismo departamento. Este hombre se dio cuenta enseguida de la importancia de ese descubrimiento y recomendó un examen textual. Después de este estudio y de realizar algunas pruebas técnicas en el mapa, se llegaron a las siguientes conclusiones: Cuando colón inició el viaje a América tenía un mapa en el que se indicaban muchos detalles de la costa sudamericana e incluso de la Antártida; analizando el mapa se calculó que su origen se remontaría a unos cinco mil años de antigüedad y, posiblemente, podían ser más; para realizar este tipo de mapa, tan exacto, hubiera sido necesaria una observación aérea y el empleo de especialistas en cartografía; muchas de las cosas señaladas en el mapa llevaban siglos enterradas bajo el hielo.
Para la verificación de estos datos, la armada buscó la ayuda de un especialista en sondas sísmicas, que fue el director del observatorio de Weston, en el Boston College. Después de muchos estudios a través del hielo se descubrió que las costas eran más o menos idénticas, ya que cuentan los efectos de la erosión, comparándolos en el mapa turco. Esto probaba, cuando menos, que el mapa tenía una antigüedad de más de veinte siglos, que es, precisamente, cuando la tierra no estaba cubierta de hielo. Posteriormente, al comparar este mapa con fotografías tomadas por los satélites de la NASA, se observó en ambos mapas el efecto distorsionado debido a la curvatura de la tierra, que afectaba a la áreas más separadas del centro. Sólo cabe una explicación: ese mapa, en el que se basaba Piri Reis, se había copiado de fotografías tomadas desde una altura semejante a la de un satélite y también pudo ocurrir que la observación se hiciera desde una astronave o desde un vehículo espacial controlado por una civilización terrestre que, luego, se desvaneció sin dejar rastro.
Al caso de las civilizaciones terrestres que desaparecieron sin dejar rastro no le prestan atención los analistas militares, ya que una civilización que lanzara cientos de satélites, tiene que tener un desarrollo industrial enorme, más o menos el que tenemos hoy en día, y no podría desaparecer sin dejar huella.