después estudiamos las llanuras de nazca, en Sudamérica, en las que muchos han creído ver pistas de aterrizaje de supuestas naves extraterrestres. A esto no se hace ningún caso en las fuerzas aéreas, pues es ilógico pensar en que naves interplanetarias puedan necesitar pistas de aterrizaje y más de la forma en que éstas están dispuestas. Pero nosotros estábamos allí para aprender todo lo posible sobre ovnis y no para desprestigiar a ninguna teoría o autor.
Luego nos detuvimos en la ciudad de Machu Pichu, los calendarios de Tiuahuanaco, entre cuyas características sobresale la de que coincide con la traslocación de Venus; los conocimientos astronómicos que poseían los Incas, entre los que destacaba un cálculo muy aproximado del año solar. También nos hablaron de infinidad de detalles técnicos de las pirámides, de los muchos templos preincaicos que se encuentran en Sudamérica y de la isla de pascua, con sus casi seiscientas estatuas, cuyo origen es desconocido y no está muy clara la finalidad que tenían esos monumentos, incluso para la arqueología moderna. Siguió después el estudio de todos los detalles de las pinturas rupestres que se encuentran en muchas partes del mundo, en las que se ven difuminados astronautas y estrellas tripuladas, lo que dio origen a muchas interpretaciones y a leyendas antiguas de los indios norteamericanos, de los incas y hasta de los pueblos esquimales.
Nos instruimos sobre muchas citas bíblicas, en las que los autores descubren o creen descubrir detalles extraños y sobre las leyendas de la Atlántida, así como sobre otros continentes que se creen perdidos.
Entre nuestros estudios entraron las teorías sobre mundos que existen dentro del centro de la tierra, las ciudades secretas del Tíbet, las teorías de la Alemania nazi sobre la concavidad de la tierra, los agujeros de los polos, las pirámides invertidas que apuntan al centro de la tierra y demás teorías similares que, para los analistas de las fuerzas aéreas y de los servicios de información militar, no merecen ningún tipo de estudio, pero era imprescindible saberlo en nuestra etapa de formación.
Más tarde, estudiamos, con gran profusión, los libros sagrados de los Incas, muchos volúmenes tibetanos e hindúes, todos los cuales aluden a supuestos objetos voladores. En un documento de Egipto se hace referencia a una visión que tuvieron los escribas de un carro volador que se situó encima de la casa del faraón. En la biblioteca del Vaticano se guardan muchos informes históricos acerca de hechos similares, especialmente los que se refieren a civilizaciones preincaicas; cuando los españoles fueron a colonizar América, llevaron al Vaticano, por medio de la Inquisición, muchos libros sagrados en los que se habla de estos temas. Un libro que facilita mucha información sobre encuentros de ovnis en la antigüedad es el libro de Dzyan.
Nos fuimos formando en el aprendizaje arqueológico sobre los restos que se encuentran en algunos museos, y en los que aparecen desde calaveras con agujeros de bala a rudimentarios aparatos técnicos.