Cuando se construyó la Presa de Assuán, la UNESCO hizo que varios Estados ayudaran a trasladar el templo de Abu Simbel. Y estos tardaron más de tres años en hacerlo, con los avanzados procedimientos técnicos que existen en la actualidad. Esto planteó la pregunta de cómo pudieron los egipcios construir esos monumentos, contando sólo con la rudimentaria técnica de que disponían.
Otro tema es el de los obeliscos, alguno de los cuales pesa más de tres toneladas, que aún hoy en día plantean problemas de traslado muy importantes. Otro tanto se podría decir de los colosos de Menou, la esfinge de Gizeh y otros monumentos. Con éstos se relacionaron las pirámides incas, que presentan problemas similares. Un hombre suficientemente instruido puede fundar una organización de fanáticos, achacando estos monumentos a dioses extraños.
Otra zona donde hay igualmente problemas de interpretación es el Líbano, concretamente en las terrazas de Baalbeck, que consisten en una plataforma encima de la que los romanos construyeron un templo, pero el origen de esas terrazas es un enigma para la arqueología moderna. Esa terraza está formada por bloques que tienen una altura de siete metros, con veinte metros de lado y un peso de casi mil toneladas cada una.
No hay indicio de qué tipo de cultura ha podido fabricar esta obra tan gigantesca, pero lo que está claro es que estas piedras enormes tuvieron que trasladarlas desde unas canteras que estaban lejos del lugar. Aquí se plantea un problema bastante complicado, al que se han dado varias explicaciones. Pero lo que causa asombro es la abundancia en ese lugar de tectitas, que son rocas vitrificadas, en las que se encuentra una gran proporción de isótopos radiactivos de berilio y aluminio. Estas piedras son muy difíciles de hallar y plantean los mismos problemas que los monumentos ya citados.